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Los mismos colores identificaron a sus divisas. Lucieron idéntica indumentaria en su proveedor, tuvieron similares esquemas en la cancha y además, platenses y quilmeños lucharon durante años por ser el club más antiguo de primera división. Ayer, por si todas estas coincidencias no fueran suficientes, Gimnasia y Quilmes se parecieron en errores, aciertos, jugadas fallidas y en armar un partido de pobre nivel técnico. ¡Ah! La victoria fue para el Lobo por 3 a 2, sólo por su vocación ofensiva.
No hubo más diferencias entre ambos que el último gol de Nicolás Cabrera a poco del final del cotejo. Ese verdadero golazo desde el vértice derecho del área que se coló en el ángulo izquierdo de un atónito José Ramírez, marcó el punto de inflexión entre un equipo que, sin ideas, buscó el triunfo hasta el epílogo y otro que no pudo superar su propia mezquindad, quiso solamente defenderse y se quedó con las manos vacías.
A pesar de un inicio prometedor, incluida la conquista de Juan Fernández Di Alesio que encontró una pelota suelta en el área ante la duda de San Esteban y Olave, Quilmes nunca apareció como un conjunto que tuviera la suficiente personalidad como para mantener el resultado. Por eso no resultó extraño que, en pocos minutos, los hombres dirigidos por Pedro Troglio emparejaran las acciones y arribaran al empate en una de las más lindas jugadas. Cornejo lanzó un centro que Silva cabeceó en el segundo palo y Cardetti ingresando por el medio del área, puso el 1 a 1. En ese momento creció el local. Cornejo intentó hacerse de la pelota para abastecer a los delanteros y juntarse con un Guly todavía desconocido y sin reacción, Domenez y Cabrera trataron de sorprender por los laterales y Cardetti y Silva se movieron con criterio por todo el frente de ataque. Claro que los problemas defensivos continuaron ante cada avance de la visita. Tanto fue así que en una de las últimas jugadas de los primeros 45 minutos, Quilmes nuevamente se puso en ventaja con un gol de Carlos Luna que volvió a aprovechar un yerro de la defensa rival cuando la pelota lo sobró a Gentiletti y le quedó servida al goleador para fusilar al indefenso Olave. En el comienzo de la segunda etapa se pudo apreciar lo mejor de ambos conjuntos. Quilmes parado de contragolpe y Gimnasia en la búsqueda del empate. Los centros del equipo local llovieron por todos lados, casi siempre sin destino o para el lucimiento de los centrales. Y el equipo de Mario Gómez, desperdició varias jugadas propicias para liquidar el pleito. Ya con los minutos contados y Gimnasia lanzado al ataque, llegó el gol del uruguayo Silva que revitalizó las esperanzas de la hinchada local, para brindarle el aliento imprescindible y que el Lobo saliera a presionar para tratar de ganar el cotejo. El desahogo apareció de la mano de Cabrera que en lugar de tirar el córner como habitualmente lo hace, prefirió esperar el rebote y disparar aquel derechazo del que se habló al principio. No hubo fuerza ni ideas en el perdedor como para revertir el resultado adverso. Al margen de que ambos no alcanzaron el nivel soñado, Gimnasia consiguió el triunfo con el único mérito de no bajar nunca los brazos y, a pesar de tener que mejorar en muchos aspectos, con el retorno de varios de sus titulares, dejó encendida una luz de esperanza para lo que viene. En cambio, Quilmes volvió a repetir errores que le costaron el partido frente a Estudiantes. Esta vez no pudo sostener en dos ocasiones el resultado a su favor y continúa cada vez más complicado para resistir los vaivenes de la pelea por el descenso. |