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Cuando se terminaba el partido, apareció Claudio Graf para poner el 1 a 1 definitivo en el clásico del Sur; Banfield pagó por su conformismo: se había puesto en ventaja a los 3 minutos, con un penal de Josemir Lujambio, tras una dudosa falta sancionada por Sergio Pezzota.
Cuando tanto avance infructuoso empezaba a convertirse en resignación, Lanús decidió jugarse una carga más sobre esa fortaleza que levantó Banfield para defender la diferencia que había conseguido Josemir Lujambio en el arranque. Llegó el enésimo centro; la pelearon los granates como intuyendo que esa sí sería la última, y la pelota derivó en la posición de Claudio Graf, que puso el empate con un derechazo cruzado. Fue 1 a 1, y Lanús, más contento que Banfield en el clásico del Sur.
Este tipo de choques debería excluirse de cualquier análisis. La frase remanida "es un partido aparte" cobra validez cuando se ve en acción a dos equipos que en esos 90 minutos se alejan tanto de su potencial. Si se hace un repaso de lo que mostraron Lanús y Banfield, no se puede dejar de encasillarlos entre los equipos que pelearán de mitad de tabla hacia abajo. Sin embargo, no sería justo dar un veredicto definitivo por lo que se vio ayer. Tanto nervio, tanto temor a cometer un error, a ofrecerle alguna facilidad al rival, terminan por entregar un montón de nada. El partido se abrió rápido, pero esa circunstancia que suele colaborar para que el desarrollo se haga más dinámico, más imprevisible, no alcanzó. Porque los dos equipos se encontraron con sus roles intercambiados. Lanús, que llegaba con la idea de hacerse fuerte en el fondo y explotar ese contraataque que aparece como su virtud más evidente, se encontró muy rápido en desventaja y tuvo que asumir otra postura. Para Banfield, la falta dudosa de Pelletieri a Barraza, que Pezzota sancionó con penal y que Lujambio convirtió en gol a los 3 minutos, fue como una señal que le ayudó a definir cuál sería el camino a transitar de allí en más. La mayor experiencia de Banfield se notó en el arranque. Salió menos nervioso, con la ansiedad acumulada durante toda la semana más disimulada que la de su rival, y el 1 a 0 terminó de acomodarlo en la cancha. Lo acorraló a Lanús en los primeros 5 minutos, lapso que incluyó el penal y, enseguida, un remate franco del mismo Lujambio que tapó en forma brillante Carlos Bosio. Después, prefirió dejar hacer a Lanús. Se afirmó en la fortaleza sin culpa de Carlos Galván (le pegó fuerte y alto cada vez que entró en contacto con la pelota) y de Javier Sanguinetti, y los cuatro del medio, más preparados para recuperar y correr que para armar un circuito de juego, esperaron alguna chance para alimentar a los dos tanques de arriba, Lujambio y Héctor Silva. Lanús intentaba apoyarse en su toque y en el atrevimiento de los "pibes" Agustín Biglieri, Sebastián Letto y Marcos Aguirre, que encaraban y muchas veces lograban desequilibrar a los marcadores locales, de físicos más grandes y traslado más lento. Pero la carencia del equipo de Cabrero estaba clara y era de difícil solución; faltaba lo más importante, la profundidad y el peso en el área, para transformar las aproximaciones en llegadas o, sencillamente, en goles. Aun así, Lanús tuvo tres situaciones nítidas en el primer tiempo: Pelletieri y Leto estuvieron cerca con sendos cabezazos, y Biglieri casi grita con un fuerte disparo desde afuera del área. Pero esas insinuaciones fueron las últimas de Lanús, que pasó de merecer el empate a mostrar una gran impotencia durante todo el segundo tiempo. El desarrollo del partido fue una tentación para Banfield. No le hacía falta tomar el control de la pelota, ni decidirse a definir un resultado que no ofrecía indicios de estar en peligro. Esperaba y veía que no sufría contratiempos. Los intentos de los "bajitos" de Lanús, cuando lograban un respiro de la maraña que armaron Grana, Galarza y compañía, siempre terminaban en centros intrascendentes. No había por dónde entrarle a la resistencia de Banfield, y tampoco pesaban las variantes que intentó Cabrero: Graf por el intrascendente Lagos y Manicero por Biglieri, demasiado cansado como para desequilibrar igual que en los primeros minutos. Banfield se aprestaba para el festejo. Lo pudo definir a los 35, con una buena jugada colectiva que Andrizzi no pudo concretar. Un minuto antes Lanús se había quedado con 10 por la expulsión de Pelletieri, y el panorama no podía ser más desalentador. Pero llegó ese centro que pareció uno más y no lo fue, porque terminó en la derecha goleadora de Graf y en el empate que se asemejó a un triunfo para Lanús.
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