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Siempre se genera una gran expectativa en derredor de un partido de fútbol. Y cuando éste no cumple con las ilusiones, por lo general, el descontento resulta inevitable. Siempre se piensa que los intérpretes piensan en ganar. Ahora, cuando las propuestas de ambos lados, tras noventa minutos de juego, ponen en evidencia que, en definitiva, la fórmula original estaba más vinculada con pensar en no perder, toda promesa de ver un espectáculo atractivo e interesante queda apenas como una efímera utopía.
Y cuando el negocio cierra a la perfección, entiéndase que quedó de manifiesto que haberse repartido un punto fue un beneficio para Racing y Vélez, resulta lógico que los considerandos de los protagonistas, acentuado en sus entrenadores, justifiquen una producción tan pobre con argumentos de manual como, por ejemplo: "Jugamos ante un rival difícil y éste es un equipo en formación" .
Pero todas aquellas explicaciones carecen de consistencia cuando se revisa la propuesta original de Racing. Merlo dispuso un equipo que escondía un supuesto libreto ofensivo, colocando a Maximiliano Moralez como un enlace y tres volantes de recuperación: Torres, Sánchez y Bastía . Con el comienzo del cotejo se desenmascaró la estrategia del DT, porque Morález estuvo más preocupado por cubrir el andarivel izquierdo que por cumplir con sus funciones ofensivas. Pero no sólo allí se desmembró esa presunta osadía de Mostaza Merlo, porque los repetidos pelotazos por los laterales, especialmente por el sector de Maciel, para los delanteros Sava y Bergessio, este último fue el más buscado, permitían observar que la función de Moralez era transitoria. Y Vélez, que evidentemente sufre la falta de rodaje de algunos de sus jugadores, comenzó con intenciones más alentadoras. Con un juego dinámico y apropiándose de la mitad de la cancha, el conjunto de Miguel Angel Russo pareció estar decidido a terminar rápido con el rival. Pero también fue veloz el tiempo de consistencia que mostró esta propuesta, porque más allá de las eléctricas apariciones de Juan Martínez o los interesantes quiebres de cintura de Batalla y las enérgicas intervenciones de Mauro Zárate, la profundidad ofensiva del equipo de Liniers fue casi nula. Incluso, en repetidas acciones lateralizó el juego y terminó muchísimos ataques en centros. Un recurso que mostró la falta de capacidad para saber leer las mejores posibilidades del equipo. Porque si algo tiene Vélez es jugadores de buena técnica y que se favorecen cuando el balón circula a ras de piso. Sin embargo, desperdiciaron sus avances con centros, que debían ser capitalizados por un bloque ofensivo de talla inferior al rival. Batalla, 1.71 metros, Martínez (1.73) y Zárate (1.76) debían lidiar con los dos marcadores centrales de Racing: Gustavo Cabral (1.82) y Diego Crosa (1.80). Incluso en el segundo tiempo se repitió esta búsqueda con el ingreso de Fernandes Francou (1.77), cuando la Academia ya había sumado a su última línea al colombiano Arizala (1.82). Tan poco punzante fue Vélez, que la única situación que pudo haber resultado favorable llegó de un remate de Emiliano Papa, que capturó un rebote tras débil despeje con los puños de Campagnuolo, tras un mal rechazo de Crosa. En el segundo tiempo, el equipo que mostró más intenciones de salir de la opacidad que envolvía al partido. Con el ingreso de Sixto Peralta por Moralez, el crecimiento de Bastía en la mitad de la cancha y algunas intervenciones de Arizala, dejó mano a mano a Bergessio ante Sessa, en la situación más clara del partido, el conjunto de Merlo lució más atractivo. Pero de la misma manera que dio señales positivas, también dejó expuesta su falta de gol. Y el equipo de Liniers no sólo no pudo acercar riesgo hasta el área rival con el ingreso de Escudero y Fernandes Francou, sino que perdió el dominio del balón y se dedicó a cuidar su arco. Seguro que algunos argumentarán que el equipo no recibe goles, por Racing, o que hay que superar un período de recambio, por Vélez, pero ninguna de las dos cosas son excusas para justificar jugar tan mal al fútbol. |