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Finalmente se develó el misterio: Alfio Basile asumirá la conducción de la Selección argentina el 15 de septiembre y seguirá como entrenador de Boca exactamente hasta un día antes, cuando el club de la Ribera dispute ante Sâo Paulo la final de la Recopa Sudamericana.
La decisión la tomaron Julio Grondona (presidente de la AFA), Mauricio Macri (presidente de Boca) y el propio entrenador, quienes se reunieron en una oficinas privadas, en el centro de Buenos Aires.
A la cita no acudió Diego Maradona, vicepresidente de Boca, quien había tenido un cruce hace un par de días con Grondona. Maradona había dicho que Grondona debía ser "más flexible y permitir a Boca una transición ordenada" y el presidente de la AFA le contestó que ya era hora de que Maradona empezara a hacer cosas en lugar de "hablar, hablar y hablar".
Con esta frase, Grondona le lanzó el guante a Maradona para que dejara su cargo de vicepresidente del club y se hiciera cargo del equipo profesional de Boca como técnico. Maradona, todavía no respondió a la provocación de Grondona, pero al mismo tiempo, debe estar satisfecho ya que el titular de la AFA, finalmente, hizo lo que le reclamó Maradona: fue flexible y le dio tiempo a Boca. ¿Se puede decir que esta es otra de las tantas desprolijidades que abundan en el fútbol argentino? Si uno lo mira sin profundizar, efectivamente parece un disparate. Pero si se toma distancia, también es cierto que Boca se encontró con un problema cuando nada lo hacía prever. Por lo tanto, era razonable que Grondona le diera tiempo para hacer la transición.
El problema, creíamos, estaba con Basile, quien seguramente deseaba irse ahora mismo para la Selección, ya que el desgaste que supone dirigir a Boca es algo que le come la cabeza a cualquier entrenador. Es más, cuando terminó la temporada anterior, se especuló con que Basile abandonara el cargo por este tema.
En definitiva, se tomó una decisión salomónica: Basile no se queda en Boca hasta diciembre, como querían Macri y Maradona, pero tampoco asume ya en la Selección. Y Boca autorizará a Basile a dirigir el 2 de septiembre a Argentina en caso de que se confirme un amistoso para esa fecha.
ANTE TODO, LA PALABRA Un párrafo aparte queda para el entrenador. En estos tiempos, en donde los contratos o las ambiciones pesan más que la palabra, el entrenador tuvo una actitud ética con Boca, postergando su deseo de asumir ya mismo en la Selección, tal vez el único gran desafío que Basile esperaba tener nuevamente y que por obra y gracia del destino se le pudo cumplir.
Es interesante recordar que, con Basile, Argentina consiguió sus últimos dos títulos oficiales (Copa América de 1991 y de 1993) y que el entrenador cumplió uno de los ciclos más exitosos al frente del equipo.
Dos manchas quedan en la foja de servicios de Basile: la goleada 0 a 5 ante Colombia en el estadio de River y que casi lo deja afuera del Mundial de Estados Unidos y la eliminación en octavos de final del Mundial '94, cuando cayó ante Rumania por 3 a 2 tres días después del dóping positivo de Maradona en ese torneo.
Argentina, en ese certamen, fue derrotado más por la depresión post-Maradona que por su nivel futbolístico, ya que el equipo era francamente poderoso y un candidato serio al título.
Después de aquel partido, una caza de brujas se desató sobre Basile, quien fue acusado por gran parte de la prensa argentina de no haber sabido mantener la disciplina en el plantel. Por esa razón, porque se decía que Basile había sido blando con los jugadores, el sucesor del entrenador al frente de la Selección argentina fue Daniel Passarella, un técnico de los considerados muy duro en lo que respecta a la disciplina.
Quien firma esta nota estuvo en el Mundial de Estados Unidos muy cerca de la Selección argentina y puede dar fe de que todas las cosas que se dijeron sobre la falta de autoridad de Basile fueron infamias y que, a buena hora, el entrenador tiene su merecida revancha. Algo que tardó más de 12 años en producirse. Pero nunca es tarde para que la justicia se haga presente.
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