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Ariel Ortega volvió a River y se reencontró con la felicidad. Avisa que se verá al Burrito de siempre, promete "ganar el Apertura" para dedicárselo a Passarella e imagina un regreso a cancha llena.
Ya está. Te sacaste las ganas de volver...
—Sí, se dio. Estoy muy feliz, muy contento. Me siento en mi casa.
—¿Pensaste que ya no se te iba a dar? —Y... Siempre mantuve la ilusión, pero cada vez se hacía más difícil. Aparecían muchas trabas, se hablaban un montón de cosas que no entendía, era casi imposible... —¿Y se sufría? —Mucho. Lo peor era cuando Sol, mi hija mayor, me preguntaba cuándo iba a volver a River. Y yo no sabía qué contestarle, sentía una gran impotencia. —Ya hay respuesta. —Sí, acá estoy. —¿Y Sol está feliz? —Sí. Es curioso porque ella tiene un carácter parecido al mío, así, medio seco. Pero tanto ella como Tomás y Manuela, mis otros dos chicos, y Danesa, mi mujer, están encantados. Son los únicos que saben lo feliz que me pone estar acá. —¿Se extrañaba? —No sabés cuánto. Venir al Monumental, cambiarme en el vestuario local, charlar con Pichi en la utilería, jugar un fútbol-tenis con el cuerpo técnico... No sé... Siento que nunca me fui. —¿Pero algunas cosas deben haber cambiado mucho? —Sin dudas. El club es otro. Hacía mucho que no venía a la cancha. —¿Por qué? —Y, es fuerte. La última vez, por ejemplo, entré y me puse a llorar. —¿En serio? —Sí, fue cuando se retiró Leo (Astrada). Ese día estuve en la cancha con Tomás. Me emocionó la situación, poder mostrarle a él cómo era River y también darme cuenta de que yo no estaba en River. Ahora, por suerte, pienso en el día en que salga a la cancha. —¿Y cómo va a ser? —Hermoso. Lo imaginé mil veces. Mirá, lo pienso y se me pone la piel de gallina. No hay nada que me importe más que River. Quiero ver a mi familia en la tribuna. Ojalá la cancha esté llena, explote y se venga abajo. —¿Ponés en duda que la cancha va a reventar cuando vuelvas? —No, la relación con la gente de River es increíble. Antes, me paraban en la calle y me pedían: "Volvé a River, por favor". Y cuando arreglé, pensé que se iba a cortar. Pero no. Se me paran adelante, me abrazan y se ponen a llorar. El otro día estaba en el shopping, en Unicenter, y me gritaron adelante de un montón de gente. —¿No hubo ni un reproche por tu paso por Newell''s? —No, ninguno. Es que el hincha me conoce. Sabe que fueron partidos difíciles. Nunca disfruté el enfrentar a River. Al contrario, lo sufrí. Pero bueno, hice únicamente lo que me enseñaron acá: ir para adelante y tratar de hacer goles. —¿Y esos goles cómo se pueden pagar? —Con más goles. Ojalá que sea con goles a Boca. Bah, a todos. Pero lo que más quiero es que llegue diciembre para dar la vuelta olímpica. —Directamente. —Por supuesto. En River siempre hay que ganar algo. La presión es muy fuerte. En un año, como mínimo tenés que ganar un campeonato. —¿Será el Apertura? —Sí, vamos a salir campeones del torneo que viene. Estoy seguro. Hace un tiempo que River no da la vuelta y el hincha lo necesita. —Y vos también... —Claro. Para eso me estoy preparando. —Gallardo dijo que el equipo necesita al mejor Ortega. ¿Puede aparecer o ya no? —Va a aparecer el mejor Ortega. Estoy seguro de que voy a jugar bien, como siempre jugué acá, con la gente al lado mío, empujándome... No hay forma de que algo salga mal. —¿Aseguramos que vuelve la gambeta? —Ojalá. Lo deseo. —¿Te sentís el último gran gambeteador? —No, no sé. No lo pienso. Yo entro a la cancha y hago lo que sé, lo que me sale desde que era un pibe. —¿Y en qué lugar de la cancha te ves? —Adentro, ja, ja. Es lo único que me importa. —Bueno, pero con tantas figuras debés pensar dónde vas a jugar. —Sí, claro. Adelante, como siempre. Buscando la pelota, bajando a recibir, moviéndome ahí adelante, cerca del área, tratando de hacer goles o dando pases de gol... —¿Y de central no te animás? El Muñeco contó que él podría ir de doble cinco... —Nooo, a mí se me va a complicar, ja, ja. Y aunque Marcelo pueda, lo prefiero cerca. —¿Te motiva reencontrarte con él? —Seguro. Con Marcelo tenemos una relación muy buena. Nos criamos juntos, debutamos casi juntos, nos conocemos mucho... Es especial. —¿Le pedirías que se quedara en el club? —Son decisiones personales. No me puedo meter, no corresponde que lo haga. Pero no tengo dudas de que él es feliz en River. —¿Le vas a pedir la camiseta con el 10? —No, el número es lo de menos. Lo más importante es la camiseta, con que tenga la banda roja en el pecho, ya está. Es lo más sagrado. Acá jugué con el 7, el 10, el 15, el 16, el 20... Un montón. Así que no importa. —¿Y cuánto pesó Passarella en esta vuelta al club? —Un montón. Daniel me conoce mucho. Me hizo debutar en River, me llevó a la Selección, me hizo jugar un Mundial, me ayudó en lo personal, me banca en lo futbolístico... Hizo todo lo posible para que yo volviera a River. —¿Es un compromiso extra que sea el DT? —Seguro. Por eso, quiero salir campeón para dedicárselo a él. Este campeonato va a ser para sólo para él. —¿Vos también lo notás tan cambiado? —No. Es el mismo de siempre. Antes por ahí chocaba con la prensa y ahora, no. Pero preguntale a cualquier jugador que tuvo en River o en la Selección y seguro que te va a hablar bien de él. Es una persona que se brinda al máximo. —¿Podemos decir que el Kaiser está más tranquilo, entonces? —Mmm... Quizás ahora tiene más experiencia. Pero no le gusta perder, cuando tiene que decirte algo, te lo dice y si te tiene que cagar a trompadas, va y te caga a trompadas. —Entonces te conviene romperla... —Sí, ja, ja. Tenemos que salir campeones. —¿Creés que el campeón es el mejor? —Sí, puede ser. —Boca es el mejor. —Ha ganado varios campeonatos en este último tiempo. Ha jugado un buen fútbol, tiene buenos pibes. Pero de ahora en más, el mejor va a ser River. —¿Y se puede? —Ni hablar. Hay que demostrarlo desde el primer partido, desde el primer minuto. Hay que ganar, hacer varios goles, crear diez situaciones de gol, jugar bien... Acá, en el Monumental, y en todas las canchas. —¿Y la Copa? —También. Es el objetivo de todos. La Libertadores siempre es difícil, pero se nos tiene que dar. Lo de Libertad fue duro, pero ya pasó. Mientras la esperamos, tenemos la Sudamericana. —¿No hay que mirar para atrás? —No sirve. Y además, en River no podés hacerlo. Si cometés errores, hay que seguir. —¿Y cuál fue el peor error de tu carrera? —Irme de River. Donde más feliz, fui y soy es en River. Son errores que uno comete. Si pudiera empezar otra vez mi carrera, no me voy más. River es lo más lindo del mundo.
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