El futuro de la Selección. “Coco” dirigió a un equipo brillante que logró la Copa América de 1991 y de 1993. Una complicada clasificación para Estados Unidos 1994.
El técnico que está a punto de asumir en el seleccionado argentino es un ganador nato, defensor a ultranza de la naturaleza del fútbol nacional, que como asignatura pendiente tiene alzar un título mundial. Para ese trámite nada sencillo, que puede concretarse en 2010 en Sudáfrica, lo puso la AFA, o, mejor dicho, su omnipotente y eterno presidente Julio Grondona, después de no haber tenido suerte en lograr que José Pekerman. siga en el cargo.
Alfredo “Alfio” Rubén Basile, apodado “El Coco”, nació en Bahía Blanca el 1 de noviembre de 1943 y como futbolista se inició en el club Bella Vista. Luego jugó en Racing desde 1964 hasta 1970, y para Huracán hasta 1975. Tras su retiro, dirigió varios equipos, entre ellos Rosario Central, Racing Club, Huracán y Vélez, y luego los extranjeros Nacional, de Uruguay, y Atlético de Madrid. Basile sucedió a Carlos Bilardo como técnico del seleccionado, en 1990 y poco después ganó su primer título, la Copa América de Chile 1991. En esa ocasión, condujo a un equipo brillante en su juego como pocos en la historia del fútbol argentino. Con menos lujo pero la misma esencia futbolera -ofensiva, de pelota al piso, respetando a ultranza la naturaleza del fútbol nacional- obtuvo la siguiente Copa América en 1993, también de visitante, en Ecuador. Le costó mucho más clasificar al seleccionado para el Mundial de Estados Unidos 94 por aquella fatídica noche en el Monumental, donde Colombia lo goleó por 5 a 0. Esa afrenta lo obligó a disputar un repechaje de dos partidos contra Australia, para los cuales Basile tomó la polémica decisión de llamar a Diego Maradona, que volvía de una larga suspensión por consumo de drogas prohibidas. La participación de Diego no pareció decisiva, pero sí un impacto anímico positivo, a la vez que de amedrentamiento para el rival. En el Mundial tuvo que dirigir a dos equipos, el suyo propio y el que formó el caprichoso Maradona y su no menos rebelde séquito. Cuando Diego quedó fuera por otro caso de doping, el plantel se desestabilizó emocionalmente. Como prueba definitiva de ello, perdió con Bulgaria y luego en octavos de final por 3 a 2, contra Rumania, el día del adiós.
Tímido, nostálgico, familiero, tanguero y muy fiel a los amigos. Parece mentira que detrás de ese vozarrón sonoro y esa pinta de porteño prepotente pueda esconderse el alma de un tipo tan sentimental. Hay que conocerlo de cerca a Alfio Basile para descubrir su timidez, su perfil nostalgioso, su apego por las cosas simples, por su familia, su mujer, sus tres hijos y su nieta, especialmente. También sus amigos, sus famosos códigos, las sobremesas, el cigarrillo, algún trago, su afición por el tango, por el boxeo (“yo sé más de boxeo que de fútbol", asegura con firmeza), el café (aunque se trate de confiterías de avenida Libertador), las carreras de caballo (ahora suspendidas) y los colegas-amigos: el Panadero Díaz, su hermano; Mostaza Merlo, Chiche Sosa, Roberto Saporiti, el Bambino Veira, Carlitos Babington. Y el doctor Cacho Paladino, el de las recetas certeras. Porque el DT es hipocondríaco. Debe haber apretado los puños en la intimidad. Y debe haberse abrazado con el Panadero. Y lo debe haber llamado Cacho Recassens, su representante. Y todos sus amigos. leido en lagaceta.com.ar |