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La derrota por penales ante Alemania fue un duro golpe. Igualmente, cientos de hinchas se juntaron en el Obelisco. ¿El motivo? Cantar y agradecerle al equipo de Pekerman por la campaña realizada en la Copa del Mundo.
La lotería de los penales no pudo frenar tanto entusiasmo. Fue derrota, pero también fue encuentro para reconocer el trabajo de los muchachos de la Selección. Todos tenían su gorra, su vincha y su bandera. Todos dieron el presente en el Obelisco, centro de reuniones populares futboleras.
Antes del comienzo del encuentro por los cuartos de final entre Argentina y Alemania, el local, había gente sobre el tradicional monumento que está ubicado en pleno centro de Buenos Aires. Desde ilusionados hinchas hasta los oportunistas vendedores. ¿Cómo seguían el partido? Con radios. Aunque algunos, los más curiosos, escuchaban los gritos que llegaban de las pobladas oficinas y de los asediados bares. Entonces, cuando Ayala metió el cabezazo, el grito de gol retumbó sobre la Nueve de Julio.
De pronto, un silencio. Claro, Klose ponía las cosas iguales. Y todos se definía en el alargue. Igualmente, ellos, seguían gritando. Algunos se acordaron de la familia del árbitro eslovaco Michel. Nada cambió en el suplementario, aunque los nervios fueron creciendo. Ni hablar de los penales. Ya era un silencio total.
"Lo erró, Ayala lo erró", gritó un muchacho, con un buzo celeste y blanco que seguía las alternativas del partido con su walkman, mientras se agarraba la cabeza. Era el principio del fin. Cuando Lehman rechazó el remate de Cambiasso, hubo un largo y pronunciado silencio. Fueron 10 segundos. No se escuchaba nada alrededor.
Hasta que alguien, en medio de un llanto, gritó: "Vamos Argentina, carajo". Y, como por arte de magia, la muchedumbre comenzó a cantar lo que ya es un clásico en las canchas argentinas (¿y quién te dice que en Europa a partir de esta Copa del Mundo?): "Es un sentimiento, no puedo parar, olé, olé, olé,"...
Todos revolearon su camiseta, su buzo. El conjunto de Pekerman se iba de Alemania, sus jugadores lloraban de tristeza pero a miles de kilómetros un grupo de argentinos se mostraban agradecidos. Y cantaron. Y bailaron. Después de todo, el equipo dejó todo, y ellos así lo entendieron. Leido en ole.com.ar |