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En el verano de 1999, muchos afirmaban que la mejor cualidad de Martín Palermo era la “suerte”. En realidad, era la forma más fácil de explicar que el N° 9 había anotado 20 tantos en 19 partidos en aquel fenomenal torneo Apertura 98 que Boca ganó en forma invicta. Pero el hombre se rió en la intimidad de aquellos comentarios. Por entonces, aparecía la precisa definición de Carlos Bianchi: “Palermo es el optimista del gol. Nunca da por perdida la jugada; nunca se resigna. Busca el gol en situaciones en que otros lo dan por perdido y ahí marca la diferencia”.
Hoy, ocho años después, Boca conquistó otra corona con la confirmación de aquel goleador que alguna vez supo vestirse de mujer para una producción fotográfica para una revista o se tiñó el pelo de distintas formas. No marcó 20 goles, pero con uno más de la mitad confirmó que sigue vigente.
“Boca demostró que fue el mejor. Por eso ganamos y salimos bicampeones. Nadie nos regaló nada y tuvimos autoridad de campeón. Contra Independiente nos alcanzaba con el empate por los resultados de Lanús y de River, pero salimos a ganar con mucha autoridad, como lo hizo el equipo en todos los partidos que jugamos en el Clausura. Incluso cuando nos tocó perder, en Jujuy o con San Lorenzo, nunca se cambió el estilo”, comentó ayer Palermo, luego de festejar como un chico, trepado a uno de los arcos del estadio de Independiente. Es la segunda vuelta olímpica que dio el delantero ahí, ya que la primera fue en el torneo Clausura 99. Más puntualmente sobre el partido, el goleador dijo: “Independiente salió a jugar con muchos volantes y sabíamos que nos iba a costar encontrar los espacios para atacar, pero tuvimos paciencia y un buen dominio del balón, y al final se nos dio”. Palermo hizo el segundo gol luego de un preciso centro de Rodrigo Palacio, al mejor estilo del Mellizo a fines de los 90, pero también tuvo participación activa en el primer tanto con una asistencia para su compañero de ataque. “Siempre es lindo convertir, y más en un partido decisivo. Cuando marqué el segundo sabía que era muy difícil que se nos escapara el título, más allá de que faltaba mucho por jugar. Boca fue ganando solidez y eso habla de que el equipo está cada vez mejor. El cabezazo, esta vez, no pegó en nadie”, bromeó. Es que durante el campeonato fue protagonista de varios tantos curiosos, como el que le marcó a Banfield (su zurdazo pegó en Barraza y se metió), en la victoria por 2 a 1; a Arsenal (su cabezazo rozó en Almada) en el triunfo por 1 a 0, ambos en la Bombonera, o el que le marcó en el último minuto a Vélez, en Liniers, que luego de una serie de rebotes tras un remate de Bilos se transformó en el 3 a 2. Muchos podrán sostener que tiene la suerte como aliado, pero el tema es que Palermo siempre exige y muchos goles se hacen por su sola presencia, como cuando Horacio Ameli (con el N° 9 detrás), hizo un gol en contra de Colón, en Santa Fe, y Boca ganó 2 a 1. “Hay goles más lindos que otros, eso seguro, pero todos valen uno”, reconoció. Luego de su paso sin éxitos por Europa, revivió gracias a sus festejos y gritos en una Bombonera que lo recibió con los brazos abiertos. Su sola presencia intimida a los rivales, pero le reconoce un mérito a Alfio Basile por sostenerlo cuando las cosas no le salían del todo bien. “Es importante para un jugador sentirse respaldado y yo lo sentí en momentos que quizá pasaban dos o tres partidos sin hacer goles. Pero si sabés que sos el dueño del puesto rendís de otra manera y salís más tranquilo”, comentó Palermo. Ahora escucha las críticas con mayor tranquilidad y juega más para el equipo. Se lo ve luchar mucho y genera los espacios para que sus compañeros definan: “Es una tranquilidad saber que Boca tiene varios jugadores que pueden llegar al gol, eso obliga al rival a estar muy atento y redoblar los esfuerzos. Estoy yo, pero también festejan el Pocho Insúa, Palacio, Bilos o hasta el mismo Guillermo. Es un equipo muy ofensivo y saca diferencias por eso también”, dijo el goleador. Para Basile, el ex delantero de Estudiantes y Villarreal, de España, es un ejemplo para el resto de sus compañeros y, sobre todo, para los más jóvenes, ya que es uno de los primeros en llegar a los entrenamientos y se esfuerza tanto en las prácticas como en los partidos como si tuviera 18 años y recién comenzara en la primera división. Pero el 7 de noviembre próximo cumplirá 33 años y su gran sueño es volver a ganar la Copa Libertadores con Boca. Palermo, con el tiempo, cambió un poco su estilo de juego, pero su olfato lo mantiene intacto. Ahora quizá demuestre, de otra forma, sus características de goleador tremendo. No por nada hizo 136 goles en la entidad de la Ribera y sueña con alcanzar al máximo artillero, Francisco Varallo, con 192 conquistas. Por lo pronto, ayer se fue feliz porque sabe que recuperó el optimismo y el protagonismo. Igual, si le preguntan, él dirá que nunca se peleó con la red y, al mismo tiempo, que siempre está volviendo. 56 goles separan a Palermo de Francisco Varallo, el máximo artillero xeneize, con 192 festejos |